No es fácil ser padre, está claro, pero mucho más difícil es ser hijo.
Esta es la idea del blog: vamos a ayudar a Dante a ser un excelente hijo, para satisfacción de sus padres. A abrirle los ojos, a darle las herramientas necesarias para andar por el mundo sin golpearse, a hacerlo un tipo inteligente pero no pretencioso, sencillo pero no simplón, bonachón pero no boludazo, gracioso pero no pesado, querendón pero no confianzudo, macanudo pero no meloso: todas cualidades que él por supuesto ya tiene, pero que con el contacto creciente con los seres humanos puede que las vaya perdiendo, o vayan tomando preponderancia otras menos deseadas, o deje de reconocer la estupidez que lo va a rodear a cada paso y se confunda. No vamos a dejar que eso pase.
Este es un buen momento para dejarle máximas de vida, antes de los 40 aún me siento en la plenitud de mis capacidades mentales, con la lucidez suficiente como para entender algunas cosas. Después uno se vuelve un viejo choto y los consejos no son los mejores, cree que siempre el tiempo pasado fue mejor.
Y además, no sea cosa que me revolee el 44 cruzando Donato Alvarez mientras saco a pasear a Mungo y no haya dejado toda mi sabiduría documentada. Bueno, bueno, no pensemos en eso, el colesterol irá trabajando lentamente para que mis arterias se empiecen a tapar mucho más adelante y pueda seguir disfrutando de Dante por mucho tiempo más, que me empiece a confundir su nombre o a no reconocerlo en por los menos 30 años.
Pero basta de palabrerío, Dante me necesita ya, fresco e iluminado, con la cabeza concentrada en su felicidad y no escribiendo nimiedades. Allá vamos entonces, que Dante siga siendo lo que es: el varón más amado.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario