Ahí va Dante, a paso lento pero seguro subiendo las escaleras. En un principio le preocupaba que no lo dejáramos, lo hacía igual pero dejaba entrever algo de culpa: sabía que estaba iniciando un viaje prohibido.
Sus aventuras hacia el primer piso lo convertían en una especie de Indiana Jones, gritaba después de escalar algunos peldaños y al llegar al primer rellano descansaba un poco, miraba hacia abajo y continuaba trepando los pocos escalones que quedaban.
Atrás nosotros, claro, primero intentando poner coto a su arremetida y luego, vencidos, subiendo detrás de él para detener una eventual caída, algo que por supuesto jamás ocurrió.
La escalera tiene una puertita, que Dante ya aprendió a abrir, por lo que quedó obsoleta. Hay redes de protección que debería haber puesto hace ya tiempo y que cada semana me prometo hacer instalar.
Dante no se cae, ni se va a caer, pero esta semana me comrpometo formalmente a poner la protección.
Si resbalás en la escalera estarás protegido, pero la vida no te pone redes Dante. Cuando empieces primer grado vas a llorar, los primeros días en la secundaria te vas a sentir solo y creer que estás rodeado de una caterva de imbéciles, cuando te dejen la primera vez ya no vas a creer en el amor, el miedo te va paralizar antes de entrar a rendir el primer oral y cuando leas el Quijote vas a saber que nunca podrás escribir como Cervantes.
En cambio yo ya estoy salvado, ya tengo mi red que me protege de todos los males del mundo. Esperá unos años, Dante, que hay una promo fenomenal: con la llegada de tu primer hijo te viene, sin cargo, una red indestructible para toda la vida.
viernes, 29 de febrero de 2008
miércoles, 27 de febrero de 2008
YA NO SERÉ EL QUE ERA
¿Cómo seguir siendo el que era, ahora que Dante está atento a todo? El cree en mí, me sabe el más alto, el más lindo, el más divertido. Pateamos la pelota y cuando yo grito “gol de Boca” agitando los brazos, él hace lo propio, al grito de “voooooooooououoooooooo” (seguramente gol en su dialecto, que cuenta con infinidad de fonemas pero pocos de ellos comprensibles), creyéndome el eslabón perdido entre Maradona y Messi.
Mira, imita, graba todo en su disco rígido y así le vamos formando la personalidad, marcándosela a fuego con cada acción, cada palabra, cada gesto. ¿Cómo sopesar si en cada acto propio le generamos un daño irreversible? Por eso hay que cuidarse, y mucho. Nada de poses aputosadas frente el espejo (en chiste, claro) ni sacarse la cera del oido con un escarbadientes. No debe descubrir jamás que las uñas de los pies se pueden cortar con las uñas y los dientes ni pillarnos diciendo mentiras. Todo va a moldear su caracter, va a acrecentar sus miedos y a profundizar sus inseguridades.
¿Qué pasa si descubre ese CD de Roberto Carlos, encuentra toda la saga de Rocky en DVD, me escucha puteando como un camionero o mirando un programa de chimentos? ¿Que quedaría de todo eso en su subconciente?
Ya no puedo ser el que era, debo sacar lo mejor de mí: mirar Film and Arts, leer a Borges y desarrollar teorías pedagógicas. Ser solo mi lado blanco, ser Batman y olvidar a Bruno Diaz, ser Diego con la camiseta de Argentina y no con la camisa Versace, ser Jeckyll y no Hyde, ser Pacino en El Padrino y no en Carlito´s way, García tocando Clicks modernos y no Kill Gil.
Así Dante será cada vez mejor. Y yo también, claro, que para eso están los hijos: para hacernos cada vez mejores personas.
Mira, imita, graba todo en su disco rígido y así le vamos formando la personalidad, marcándosela a fuego con cada acción, cada palabra, cada gesto. ¿Cómo sopesar si en cada acto propio le generamos un daño irreversible? Por eso hay que cuidarse, y mucho. Nada de poses aputosadas frente el espejo (en chiste, claro) ni sacarse la cera del oido con un escarbadientes. No debe descubrir jamás que las uñas de los pies se pueden cortar con las uñas y los dientes ni pillarnos diciendo mentiras. Todo va a moldear su caracter, va a acrecentar sus miedos y a profundizar sus inseguridades.
¿Qué pasa si descubre ese CD de Roberto Carlos, encuentra toda la saga de Rocky en DVD, me escucha puteando como un camionero o mirando un programa de chimentos? ¿Que quedaría de todo eso en su subconciente?
Ya no puedo ser el que era, debo sacar lo mejor de mí: mirar Film and Arts, leer a Borges y desarrollar teorías pedagógicas. Ser solo mi lado blanco, ser Batman y olvidar a Bruno Diaz, ser Diego con la camiseta de Argentina y no con la camisa Versace, ser Jeckyll y no Hyde, ser Pacino en El Padrino y no en Carlito´s way, García tocando Clicks modernos y no Kill Gil.
Así Dante será cada vez mejor. Y yo también, claro, que para eso están los hijos: para hacernos cada vez mejores personas.
martes, 26 de febrero de 2008
REITE DANTE
Dante ríe y el mundo se ilumina. Dante ríe y nada puede estar mejor. Ríete niño, que te traigo la luna cuando es preciso.
Alondra de mi casa,
ríete mucho.
Es tu risa en tus ojos
la luz del mundo.
Ríete tanto
que mi alma al oírte
bata el espacio.
Tu risa me hace libre,
me pone alas.
Soledades me quita,
cárcel me arranca.
Boca que vuela,
corazón que en tus labios
relampaguea.
Es tu risa la espada
más victoriosa,
vencedor de las flores
y las alondras
Rival del sol.
Porvenir de mis huesos
y de mi amor.
Miguel Hernández
Alondra de mi casa,
ríete mucho.
Es tu risa en tus ojos
la luz del mundo.
Ríete tanto
que mi alma al oírte
bata el espacio.
Tu risa me hace libre,
me pone alas.
Soledades me quita,
cárcel me arranca.
Boca que vuela,
corazón que en tus labios
relampaguea.
Es tu risa la espada
más victoriosa,
vencedor de las flores
y las alondras
Rival del sol.
Porvenir de mis huesos
y de mi amor.
Miguel Hernández
lunes, 25 de febrero de 2008
LA TUMBA
Los códigos son inexorablemente tumberos: el más poronga es el que manda, y hay que sobrevivir en un ámbito violento, sin piedad, convivir entre quienes si te caés te pisan.
Una titular con bastante voluntad y una auxiliar que apenas sabe decir de corrido el abecedario no pueden ni podrán jamás con ellos: 13 o 14 energúmenos a la buena de dios, sin más ley que la ley del deseo, luchando a destajo por un lugar en el mundo.
El jardín de infantes es como la tumba, y Dante lo está aprendiendo de a poco. Es uno de los más tiernitos por falta de experiencia y por ser, creo, el más chico: pero se defiende con uñas y dientes (literalmente), suple sus defectos con inteligencia y fuerza bruta, valores que tanto en la salita de los pollitos musiqueros como en las ranchadas de Devoto cotizan en alza.
Quiero enseñarle a hacer una faca con un crayón, a armar una manopla con rastis y a fabricar un arma contundente rellenando la mochila con plastilina, estoy seguro que con eso ya se va a sentir más protegido y ahí sí, va a estar tranquilo para aprender a saltar como el sapo Pepe, a guardar cada cosa en su lugar y a cantar el elefante Trompita con mímica y todo: porque eso es lo más importante, que se desarrolle intelectualmente.
Una titular con bastante voluntad y una auxiliar que apenas sabe decir de corrido el abecedario no pueden ni podrán jamás con ellos: 13 o 14 energúmenos a la buena de dios, sin más ley que la ley del deseo, luchando a destajo por un lugar en el mundo.
El jardín de infantes es como la tumba, y Dante lo está aprendiendo de a poco. Es uno de los más tiernitos por falta de experiencia y por ser, creo, el más chico: pero se defiende con uñas y dientes (literalmente), suple sus defectos con inteligencia y fuerza bruta, valores que tanto en la salita de los pollitos musiqueros como en las ranchadas de Devoto cotizan en alza.
Quiero enseñarle a hacer una faca con un crayón, a armar una manopla con rastis y a fabricar un arma contundente rellenando la mochila con plastilina, estoy seguro que con eso ya se va a sentir más protegido y ahí sí, va a estar tranquilo para aprender a saltar como el sapo Pepe, a guardar cada cosa en su lugar y a cantar el elefante Trompita con mímica y todo: porque eso es lo más importante, que se desarrolle intelectualmente.
educando a Dante
No es fácil ser padre, está claro, pero mucho más difícil es ser hijo.
Esta es la idea del blog: vamos a ayudar a Dante a ser un excelente hijo, para satisfacción de sus padres. A abrirle los ojos, a darle las herramientas necesarias para andar por el mundo sin golpearse, a hacerlo un tipo inteligente pero no pretencioso, sencillo pero no simplón, bonachón pero no boludazo, gracioso pero no pesado, querendón pero no confianzudo, macanudo pero no meloso: todas cualidades que él por supuesto ya tiene, pero que con el contacto creciente con los seres humanos puede que las vaya perdiendo, o vayan tomando preponderancia otras menos deseadas, o deje de reconocer la estupidez que lo va a rodear a cada paso y se confunda. No vamos a dejar que eso pase.
Este es un buen momento para dejarle máximas de vida, antes de los 40 aún me siento en la plenitud de mis capacidades mentales, con la lucidez suficiente como para entender algunas cosas. Después uno se vuelve un viejo choto y los consejos no son los mejores, cree que siempre el tiempo pasado fue mejor.
Y además, no sea cosa que me revolee el 44 cruzando Donato Alvarez mientras saco a pasear a Mungo y no haya dejado toda mi sabiduría documentada. Bueno, bueno, no pensemos en eso, el colesterol irá trabajando lentamente para que mis arterias se empiecen a tapar mucho más adelante y pueda seguir disfrutando de Dante por mucho tiempo más, que me empiece a confundir su nombre o a no reconocerlo en por los menos 30 años.
Pero basta de palabrerío, Dante me necesita ya, fresco e iluminado, con la cabeza concentrada en su felicidad y no escribiendo nimiedades. Allá vamos entonces, que Dante siga siendo lo que es: el varón más amado.
Esta es la idea del blog: vamos a ayudar a Dante a ser un excelente hijo, para satisfacción de sus padres. A abrirle los ojos, a darle las herramientas necesarias para andar por el mundo sin golpearse, a hacerlo un tipo inteligente pero no pretencioso, sencillo pero no simplón, bonachón pero no boludazo, gracioso pero no pesado, querendón pero no confianzudo, macanudo pero no meloso: todas cualidades que él por supuesto ya tiene, pero que con el contacto creciente con los seres humanos puede que las vaya perdiendo, o vayan tomando preponderancia otras menos deseadas, o deje de reconocer la estupidez que lo va a rodear a cada paso y se confunda. No vamos a dejar que eso pase.
Este es un buen momento para dejarle máximas de vida, antes de los 40 aún me siento en la plenitud de mis capacidades mentales, con la lucidez suficiente como para entender algunas cosas. Después uno se vuelve un viejo choto y los consejos no son los mejores, cree que siempre el tiempo pasado fue mejor.
Y además, no sea cosa que me revolee el 44 cruzando Donato Alvarez mientras saco a pasear a Mungo y no haya dejado toda mi sabiduría documentada. Bueno, bueno, no pensemos en eso, el colesterol irá trabajando lentamente para que mis arterias se empiecen a tapar mucho más adelante y pueda seguir disfrutando de Dante por mucho tiempo más, que me empiece a confundir su nombre o a no reconocerlo en por los menos 30 años.
Pero basta de palabrerío, Dante me necesita ya, fresco e iluminado, con la cabeza concentrada en su felicidad y no escribiendo nimiedades. Allá vamos entonces, que Dante siga siendo lo que es: el varón más amado.
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